Plum Village

La sangha de Plum Village, una comunidad monástica de hombres y mujeres budistas, pone en el centro de su práctica el arte de vivir en plena consciencia.
Se trata de una sangha de orden monástico porque sus miembros viven en comunidad, bajo un mismo techo, comprometidos con una misma regla y una autoridad superior y han pronunciado sus votos de hermandad. Los visitantes que allí se retiran se unen de manera temporal a la sangha.
Por otra parte, numerosos practicantes laicos constituyen sanghas en todo el mundo a fin de poner en práctica las enseñanzas del maestro Thich Nhat Hanh.
El nombre de esta comunidad tiene su origen en la plantación de 1.250 ciruelos, cuya producción fue vendida en beneficio de los niños que tienen hambre en el mundo.
Este centro de práctica ha adquirido reputación internacional, como lo subraya Le Monde des Religions (julio-agosto 2005), en un artículo que se titula «Thich Nhat Hanh: maestro budista del momento presente»: «En unos decenios, (Plum Village) se ha convertido en uno de los lugares de retiro budista más importantes de Europa». L’Express también destacaba, en 2001, que Plum Village «es uno de los más grandes centros budistas del mundo».
Monjes y monjas, adultos que han pronunciado sus votos monásticos y que se llaman entre ellos «hermanos» y «hermanas» comparten actividades en el seno de esta comunidad, donde la finalidad es exclusivamente religiosa.
Monjes y monjas toman el compromiso de vivir en la pobreza, renunciando a la búsqueda de lucro y de bienes materiales que puedan poner en riesgo la vida monástica; obedecer las enseñanzas budistas y las reglas de la vida monástica que son la base de la vida en común en el seno de la comunidad, unida por la práctica de la plena consciencia; y mantener una vida en celibato.
Esta comunidad dispone de centros de práctica en varios países. En Francia, los monásticos que forman esta comunidad viven modestamente bajo un mismo techo en varios centros repartidos en el suroeste de Francia y en los alrededores de París.

La comunidad recibe de manera regular la visita de residentes temporales, originarios principalmente de Vietnam, que permanecen allí por períodos de 12 a 36 meses. Estos residentes temporales reciben y comparten las enseñanzas
del maestro y aprenden a vivir bajo la regla monástica de la comunidad. Así formados, a su retorno pueden esparcir la luz del budismo zen, en torno a ellos, por todo el mundo.

Los retiros organizados para no-residentes

La comunidad acoge regularmente a lo largo del año, a cientos de hombres y mujeres del mundo entero, que comparten las enseñanzas del maestro. Durante el verano y las festividades de fin de año, las familias que acuden al retiro pueden traer a los niños.
Los participantes en los retiros se integran durante su estancia en las actividades cotidianas de monjes y monjas. A fin de practicar la plena consciencia en cada actividad cotidiana, se invita a los participantes a ayudar en todas las actividades comunitarias, especialmente en la preparación de comidas y el mantenimiento de las salas. Varias veces por semana se organiza el compartir del Dharma en grupos.
La comunidad, que vive al ritmo que marcan las enseñanzas de la tradición budista, obedece a una misma regla. Laicos y monásticos observan los Cinco entrenamientos de la plena consciencia, regla de vida y fundamento de la
práctica comunitaria que les permiten vivir juntos en armonía. Cada uno se compromete voluntariamente con estos cinco entrenamientos: reverencia hacia la vida, verdadera felicidad, amor verdadero, habla amorosa y escucha profunda y consumo consciente y salud (ver más adelante).
El equilibrio de la comunidad se apoya en la práctica de la meditación, el estudio y las enseñanzas, el trabajo comunitario en la comunidad y las actividades recreativas, con el fin de construir y preservar una verdadera fraternidad.
Los jueves y los domingos, los hermanos y las hermanas de los diferentes monasterios se reúnen. Son días llamados de plena consciencia y consagrados especialmente a las enseñanzas.

Los espacios de compartir el Dharma están destinados a la escucha atenta y el habla amorosa sobre las enseñanzas y la evocación de la vida cotidiana.
Permiten a unos y a otros compartir sus alegrías y dificultades en la práctica, promoviendo la experiencia de la escucha atenta y la palabra auténtica. Todas las noches, se propone el noble silencio hasta el día siguiente, al acabar el desayuno. El noble silencio ayuda a reposar, descansar de las actividades e interacciones del día. Tanto el cuerpo como el espíritu necesitan ese tiempo de silencio para cultivar la paz dentro de nosotros mismos.
Se invita a religiosos y religiosas de cualquier otra confesión, así como a laicos, a compartir y profundizar en sus propias creencias a través de la práctica de la comunidad. La comunidad está, asimismo, comprometida en el diálogo
interreligioso y, por lo tanto, mantiene fructíferos intercambios con otras tradiciones religiosas.

 

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